Cómo iluminar bien una escena según el género cinematográfico

Las interpretaciones de los actores o la dirección de la película son esenciales, pero hay un aspecto que no puede pasarse por alto: la iluminación. Esta herramienta visual no solo ayuda a crear la atmósfera adecuada, también permite comunicar emociones y reforzar la narrativa de la película. La iluminación define el tono del film, la narrativa y la percepción del espectador, configurando el lenguaje visual de la película. De hecho, dependiendo del género cinematográfico, las estrategias de iluminación varían para potenciar la experiencia y dar vida a la historia.

Comedia

En las películas de comedia, la iluminación se caracteriza por su calidez y suavidad, creando un ambiente luminoso y alegre, y que resalta las expresiones faciales de los actores. Además, se puede ayudar de efectos de iluminación exagerados para reforzar un efecto cómico, como luces estroboscópicas o luces de neón, para resaltar la ironía o el sentido del humor.

La comedia suele apoyarse en el uso de una iluminación cálida, como el amarillo, el naranja o el rosa, para crear un ambiente de felicidad y buena energía. Todo esto se ve reflejado en Como dios (2003): una película del director Dean Semler y protagonizada por Jim Carrey donde existen pocos contrastes y una iluminación homogénea.

Drama y thriller

Este tipo de películas suelen usar una iluminación más bien tenue para tratar de generar una atmósfera de misterio e incertidumbre. Los contraluces que delinean la silueta de los personajes, crean una sensación de misterio por la dificultad de identificar el rostro del actor. En la película Se7en (1995), dirigida por David Fincher, se juega especialmente con el contraste de luces y sombras que refuerza el clima de tensión.

Acción

En el género de acción, la iluminación se caracteriza por ser intensa y dura para enfatizar en la fisonomía y en los movimientos de los personajes. Este estilo de iluminación busca subrayar la adrenalina y la emoción de la escena.

La iluminación roja también suele ser una aliada en este género para aumentar la tensión de la historia. Un ejemplo de ello es Mad Max: Fury Road (2015), película dirigida por George Miller donde se hace uso de tonos rojizos y sombras duras para marcar la violencia y el caos en un mundo desértico.

Terror y suspense

La iluminación en las películas de terror y suspense es crucial para generar una atmósfera de miedo y tensión. Las sombras profundas y las zonas oscuras son elementos clave, ya que generan al espectador una sensación de amenaza oculta. A través de la oscuridad, se pueden crear efectos inquietantes que surgen desde la penumbra. Las luces parpadeantes y las iluminaciones rojas, verdes o azules ayudan a intensificar la incomodidad y el miedo.

En la película REC 2 (2009), a parte de jugar con las sombras y la oscuridad, añaden un elemento más de iluminación: LEDS en el propio vestuario. Esto combinado con la luz intermitente y las linternas, dota a la pelicula de una personalidad única.

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Glitch Art: la estética del error

El Glitch Art es un estilo artístico que explora la estética del error, es decir, la corrupción intencionada de archivos digitales, como imágenes, videos, o sonidos, con una finalidad artística.

Se originó en la década de 1990 con el auge de la tecnología digital y ha crecido como una forma de arte contemporáneo que celebra lo caótico y que ha acabado siendo de lo más mainstream. En lugar de corregir los problemas, se utilizan como fuente estética.

Características del Glitch Art

El error es el componente central de este estilo. Puede ser un fallo visual, un error sonoro o una distorsión que altera la percepción original de una obra digital, pero con la diferencia que estos errores son intencionados y se producen manipulando archivos.

Frente a la perfección que suelen buscar las herramientas digitales, el Glitch Art pone en valor lo imperfecto. Las distorsiones visuales, como los píxeles fuera de lugar, los colores distorsionados o las secuencias de vídeo fragmentadas, son una declaración estética que subraya la vulnerabilidad de los sistemas tecnológicos. Los artistas intervienen en estos archivos de forma consciente para corromperlos.

Year of the Glitch – Phillip David Stearns

Rosa Menkman: la madre del Glitch

Rosa Menkman es una figura clave en el mundo del Glitch Art y se ha destacado no solo como artista, sino también como teórica. Su importancia radica no solo en sus creaciones visuales, sino también en su investigación y reflexión sobre la estética del error. Ha jugado un papel crucial en legitimar y expandir el conocimiento sobre este género, que antes era considerado más un fenómeno accidental que una forma artística consciente.

En sus obras, se especializa en la manipulación de lo que llama «ruido visual», explorando cómo los errores pueden crear experiencias estéticas únicas. Utiliza técnicas como la alteración de codecs de video, la intervención en señales analógicas y la manipulación de algoritmos para crear obras que desafían la percepción de lo que debería ser una imagen perfecta.

Además, su ensayo «The Glitch Moment(um)» (2011) explora cómo los errores tecnológicos pueden ser interpretados como intervenciones artísticas y cómo estos errores nos invitan a reflexionar sobre las imperfecciones de los sistemas digitales. Esto estableció una base académica para el estudio del Glitch Art como una forma legítima de expresión.

¿Únicamente arte?

El Glitch Art no solo tiene una dimensión estética, sino también una fuerte carga filosófica. En una era donde la tecnología tiende a buscar la perfección y la eficiencia, pone en valor el azar y lo no planificado. Esto puede verse como una crítica a la dependencia de la sociedad en la tecnología perfecta, recordando que incluso las máquinas pueden fallar.

Además, el glitch revela las fisuras en los sistemas digitales. Consigue subrayar la fragilidad de estos sistemas y muestra cómo el arte puede emerger de lo que, en otras circunstancias, sería visto como un fallo o un colapso.

A Vernacular of File Formats – Rosa Menkman

En resumen, el Glitch Art es un género de arte digital que abraza la imperfección y el caos, utilizando los fallos tecnológicos como algo creativo. Este arte no solo desafía las expectativas sobre la perfección digital, sino que también ofrece una crítica sobre la relación con la tecnología.

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