Glitch Art: la estética del error

El Glitch Art es un estilo artístico que explora la estética del error, es decir, la corrupción intencionada de archivos digitales, como imágenes, videos, o sonidos, con una finalidad artística.

Se originó en la década de 1990 con el auge de la tecnología digital y ha crecido como una forma de arte contemporáneo que celebra lo caótico y que ha acabado siendo de lo más mainstream. En lugar de corregir los problemas, se utilizan como fuente estética.

Características del Glitch Art

El error es el componente central de este estilo. Puede ser un fallo visual, un error sonoro o una distorsión que altera la percepción original de una obra digital, pero con la diferencia que estos errores son intencionados y se producen manipulando archivos.

Frente a la perfección que suelen buscar las herramientas digitales, el Glitch Art pone en valor lo imperfecto. Las distorsiones visuales, como los píxeles fuera de lugar, los colores distorsionados o las secuencias de vídeo fragmentadas, son una declaración estética que subraya la vulnerabilidad de los sistemas tecnológicos. Los artistas intervienen en estos archivos de forma consciente para corromperlos.

Year of the Glitch – Phillip David Stearns

Rosa Menkman: la madre del Glitch

Rosa Menkman es una figura clave en el mundo del Glitch Art y se ha destacado no solo como artista, sino también como teórica. Su importancia radica no solo en sus creaciones visuales, sino también en su investigación y reflexión sobre la estética del error. Ha jugado un papel crucial en legitimar y expandir el conocimiento sobre este género, que antes era considerado más un fenómeno accidental que una forma artística consciente.

En sus obras, se especializa en la manipulación de lo que llama «ruido visual», explorando cómo los errores pueden crear experiencias estéticas únicas. Utiliza técnicas como la alteración de codecs de video, la intervención en señales analógicas y la manipulación de algoritmos para crear obras que desafían la percepción de lo que debería ser una imagen perfecta.

Además, su ensayo «The Glitch Moment(um)» (2011) explora cómo los errores tecnológicos pueden ser interpretados como intervenciones artísticas y cómo estos errores nos invitan a reflexionar sobre las imperfecciones de los sistemas digitales. Esto estableció una base académica para el estudio del Glitch Art como una forma legítima de expresión.

¿Únicamente arte?

El Glitch Art no solo tiene una dimensión estética, sino también una fuerte carga filosófica. En una era donde la tecnología tiende a buscar la perfección y la eficiencia, pone en valor el azar y lo no planificado. Esto puede verse como una crítica a la dependencia de la sociedad en la tecnología perfecta, recordando que incluso las máquinas pueden fallar.

Además, el glitch revela las fisuras en los sistemas digitales. Consigue subrayar la fragilidad de estos sistemas y muestra cómo el arte puede emerger de lo que, en otras circunstancias, sería visto como un fallo o un colapso.

A Vernacular of File Formats – Rosa Menkman

En resumen, el Glitch Art es un género de arte digital que abraza la imperfección y el caos, utilizando los fallos tecnológicos como algo creativo. Este arte no solo desafía las expectativas sobre la perfección digital, sino que también ofrece una crítica sobre la relación con la tecnología.

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De Boer y su «Extracción de movimiento»

Michiel de Boer, filmmaker, fotógrafo y artista de los Países Bajos, ha descubierto una innovadora técnica de edición de vídeo que él llama extracción de movimiento. En un vídeo tutorial, De Boer muestra cómo esta técnica se centra en aislar y destacar el movimiento en las escenas, a veces convirtiéndola en el único elemento visible. Utiliza su propio material para exhibir cómo se pueden captar desde movimientos obvios, hasta cambios sutiles y casi imperceptibles en diferentes escalas de tiempo:

¿Cómo se hace?

Como hemos podido ver, la técnica puede hacer que las ramas de los árboles destaquen al moverse con el viento, convertir partículas de polvo en resplandecientes rayos de luz, y descubrir insectos y animales camuflados en su entorno. Otros fenómenos, como la lluvia o la niebla elevándose, también se transforman en espectáculos visuales impactantes.

De Boer explica que la base matemática detrás de esta técnica es la autocorrelación, un concepto usado en la dinámica de fluidos para analizar turbulencias, lo que ayuda a entender fenómenos complejos. 

Sin embargo, aplicar esta técnica es bastante más sencillo. Basta con duplicar el video en una nueva capa, invertirlo y ajustar su opacidad al 50%. Luego, se ajusta la posición del video en el timeline según el efecto deseado: por ejemplo, moverlo un fotograma para destacar movimientos rápidos o, por ejemplo, cinco segundos para resaltar cambios más lentos y graduales. Para hacer los efectos más visibles, se pueden realzar las imágenes como se desee como, por ejemplo, con algunos filtros.

Un enfoque artístico

El vídeo tutorial no solo es una guía práctica sobre cómo usar esta técnica, sino que también funciona como una obra de arte visual. Entre los ejemplos mostrados, se incluye un ciervo camuflado que se desplaza a través de un bosque, y un hombre que camina sobre grava, cuyas pisadas iluminan las rocas desplazadas.

Este enfoque novedoso no solo es útil para editores de vídeo y artistas, sino que también ofrece a los espectadores la posibilidad de apreciar los patrones ocultos de movimiento en nuestro entorno. Michiel de Boer continúa explorando y expandiendo las posibilidades de esta técnica en su canal de YouTube, donde ofrece más experimentos educativos.

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